(
(....)Qué grande es la diferencia entre la esperanza y la expectación.Al principio creía que tenía que ver con el tiempo, que la esperanza era aguardar algo más lejano.Me equivocaba.La expectación pertenece al cuerpo, mientras que la esperanza es del alma.Ésa es la diferencia.Las dos conversan, se animan o se consuelan, pero sueñan cosas distintas. Y he aprendido algo más.La expectación del cuerpo puede durar tanto como cualquier esperanza.Como la del mío, pensando en el tuyo.Expectante.
¿Es algo que hice hace mucho tiempo?¿O es algo que quería hacer y todavía no he hecho?Igual da.El caso es que en algún momento pensé en poner mi mano en una carta,dibujar su contorno y enviártela.Un poco después de cuando fuera que lo pensara,me topé con un libro en el que enseñaban a dibujar manos(....)Decidí comprármelo. Se parecía a la historia de nuestra vida. Todas las historias son también historias de manos, manos que agarran, que sopesan,que señalan,que unen,que amasan,que enhebran, que acarician;manos abandonadas en el sueño,manos que cortan,que comen,que limpian,que tocan música,que rascan,que asan,que pelan, que se aferran,que aprietan un gatillo,que se cruzan(....)
Y me miro las manos,que quieren tocarte,y me parecen obsoletas, porque hace tanto que no te acarician.
A.
( ...) Me contabas en tu última carta - llegó hace una semana - que le habian rapado la cabeza a una presa.Sé cómo debió sentirse.Es como si te encadenaran de pies y manos, hasta que aprendes a soltarte.Te lleva como una semana.Pero el odio que sientes por las manos que lo hicierón dura para siempre.
Son las tres de la madrugada, y puede que tú tampoco duermas.
Se rompió una silla, tenía las patas desencajadas,el asiento flojo y algunos travesaños desencolocados y sueltos(...)Conseguí arreglarla y entonces sucedió algo extraño.Me eché a llorar. Lloré tanto que las lágrimas me cegaban.(...)¿Qué me hizo llorar? ¿Que fuera tan fácil arreglar la silla,mientras que lo demás es tan difícil? (...)
Son las cosas pequeñas las que nos asustan. Las cosas inmensas, aquellas que pueden matarnos, nos hacen valientes.
A .
El otro día Andrea me preguntó cómo nos conocimos tú y yo. Y se lo conté. Y ahora quiero contártelo a ti, pero si quieres podemos cambiarlo.El pasado es la única cosa de la que no somos prisioneros. Podemos hacer con el pasado lo que nos dé la gana. Lo que no podemos hacer es cambiar sus consecuencias.(...)
A.
El sueño es la primera casa,una casa sin techo,ni paredes,ni cama.Éstos vendrán después,inspirados por el sueño.Esta noche te llevo,amor mío,a la primera casa.La deslizaré bajo la puerta monstruosa, y me encontrarás dentro.
Esta noche.
A .
Me pedias jabón -lo más permitido a nadar que nos está permitido, decías -.Llegó esta mañana tu carta.Así que te envio doce pastillas con la esperanza de que te lleguen cuatro. (...)
Hoy han confirmado que nuestra solicitud de matrimonio ha sido denegada. Estatuto IBEC-27, cláusula F.
No hay mayor error que creer que la ausencia es la nada. La diferencia entre ambas es cronológica(tiene que ver con una cronología que ellos no controlan).La nada es antes, y la ausencia, después. A veces es fácil confundirlas:de ahí algunos de nuestros pesares.
A.
(...) Te escribo esto muy entrada la noche.Pienso en las cartas que releo por la mañana temprano,cuando los días que median pasan con el veloz traqueteo de un tren de mercancías;pienso en las cartas mías,que lees en tu celda, y el inmenso secreto que encierran,que es nuestro secreto,tuyo y mío,me hace sonreír.
A.
Llevan casi dos meses reteniéndome el correo. Esta tarde, en el taller, Durito me ofreció una reproducción que tiene pegada en la pared de su celda. Quédatela hasta que vuelvas a tener carta de ella, me dijo, ya verás como llegarán. Hoy la tengo en mi pared, entre el espejo y Australia. Es una reproducción de Georges de la Tour que representa a una mujer visitando a un preso por la noche. Él está sentado en el calabozo. Ella está de pie, y en la mano derecha sostiene una vela cuya luz les permite verse. Están demasiado interesados en examinarse el uno al otro para sonreír. Ella acaba de acariciarle el pelo con la mano que tiene libre.
X.
John Berger