Nuestras escenas de amor eran mudas e
intensas, un desvanecimiento a las profundidades de la inmovilidad.
Fanny era toda languidez y sumisión, y yo me enamoré de la suavidad de
su piel, de la forma en que cerraba los ojos siempre que yo me acercaba
a ella silenciosamente por detrás y la besaba en la nuca. Durante las
dos primeras semanas no deseé nada más. Tocarla era suficiente, y yo
vivía para el ronroneo casi inaudible que salía de su garganta, para
sentir que su espalda se arqueaba lentamente contra las palmas de mis
manos.
1 comentario:
No tiene nada que ver, pero se me ocurrió relacionar el apellido Auster con la palabra austero. Economía de palabras, una sencillez magnífica para contar esa intimidad de forma tan intensa.
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